Hay lugares que todavía conservan la esencia de lo auténtico.
Rincones donde el paisaje emociona cada día, donde el sonido del mar sustituye al ruido y donde el tiempo parece avanzar de otra manera.
Esta propiedad es uno de esos lugares.
Ubicada en pleno corazón de la Costa Quebrada, declarada Geoparque Mundial de la UNESCO por su extraordinario valor natural y geológico, esta finca representa una oportunidad excepcional para quienes buscan naturaleza, privacidad y calidad de vida en uno de los entornos más privilegiados de Cantabria.


El conjunto está formado por:
Vivienda individual de aproximadamente 329 m² construidos.
Parcela urbana de más de 431 m².
Finca rústica unificada de aproximadamente 7.500 m² que rodea la propiedad.
Una combinación difícil de encontrar que aporta amplitud, intimidad y una sensación de libertad cada vez más escasa.
La vivienda conserva el carácter de las construcciones tradicionales cántabras y ofrece múltiples posibilidades como residencia habitual, segunda vivienda o proyecto turístico con encanto.
Distribución actual
Planta baja
Primera planta
La vivienda disfruta de gran luminosidad, ventanas de aluminio, calefacción de gasoil y un tejado renovado hace pocos años, proporcionando una base sólida para futuras mejoras o rehabilitación.
Junto a la vivienda principal se encuentra la antigua cuadra y el desván superior, actualmente destinados a almacenaje y aperos.
Este espacio ofrece la posibilidad de desarrollar hasta tres apartamentos independientes, aprovechando unas vistas privilegiadas y un entorno difícilmente comparable.
Una oportunidad especialmente atractiva para quienes buscan desarrollar un proyecto turístico, una residencia familiar singular o una inversión con gran potencial.
Lo que convierte esta propiedad en algo verdaderamente excepcional es su ubicación.
Desde la finca se disfrutan vistas abiertas al mar Cantábrico, a los acantilados y praderas de la Costa Quebrada y, en los días despejados, a la imponente silueta de los Picos de Europa.
Un paisaje salvaje, luminoso y cambiante que transforma cada amanecer y cada atardecer en una experiencia distinta.
Aquí es posible vivir rodeado de naturaleza protegida, lejos de la saturación urbanística y del turismo masivo, disfrutando del silencio, de cielos limpios y del auténtico carácter cántabro.
Una propiedad difícil de comparar por ubicación, superficie, vistas y posibilidades de desarrollo.
Ideal para quienes sueñan con vivir junto al mar, crear un proyecto con personalidad o encontrar un refugio único en uno de los paisajes más bellos y exclusivos del Cantábrico.
Porque hay casas bonitas...
Y después están esos lugares que terminan convirtiéndose en una forma de vida.